Recordando la fábula de la hormiga y la cigarra, yo me convierto en hormiga para empezar a preparar el invierno rodeándome ahora de lana.
Mis agujas echan humo, tanto las de ganchillo como las de tejer. Antes de acabar una labor, ya ronda por mi cabeza la siguiente.
Seguro que más de una ya ha reconocido este chal: el Elise, pues hace tres meses organizaron un cal en Labores en red para tejerlo.
Por aquel entonces no me apunté porque me pareció complicadísimo, pero después de ver unos cuantos terminados me puse a estudiar el patrón y resultó ser más fácil de lo que yo pensaba.
Y cómo me alegro de haberlo intentado porque me gusta muchísimo el resultado.
Está tejido en dos tonos de gris: más claro para casi todo el cuerpo del chal y más oscuro para las dos últimas vueltas y para el remate.
Como la mayor parte de los chales, cambian un montón después de bloquearlos y este no iba a ser menos: es entonces cuando se empieza a ver todo el calado, cuando se distingue el efecto de encaje que se ha tejido.
Y es tras el bloqueado cuando mejor se ve también el efecto de la sencilla puntilla que adorna el borde el chal.
Ha sido una labor que, a medida que avanzaba, tenía más y más ganas de verla terminada, pero que cuando la acabas te da pena y piensas en volver a hacerlo.
Lo mejor es que es bastante rápido de hacer porque además permite adaptar el patrón a la medida que te guste, sólo es cuestión de hacer más o menos repeticiones.
Sí, será un patrón que repetiré.